EXPOESPIRITUALIDAD EN WTC


La Hermandad de Sabiduría Chamánica ofreció un concierto de tambor ceremonial en el Congreso Internacional de Espiritualidad, uniendo el pulso ancestral de dos continentes.

 

Ciudad de México, 19 de junio de 2026.- El latido de la tierra resonó en el corazón de la Ciudad de Méxio. Hubo un instante, antes del primer golpe, en que el bullicio del recinto pareció contener la respiración.

 

Sobre el verde del pabellón, en el marco del Congreso Internacional de Espiritualidad, un círculo de mujeres y hombres vestidos de blanco levantó sus tambores como quien levanta una ofrenda.

 

Entonces sonó el primer latido. Y con él, el World Trade Center de la Ciudad de México se transformó, por un momento, en templo.

 

El concierto de tambor chamánico convocado por la Hermandad de Sabiduría Chamánica no fue un espectáculo: fue una ceremonia compartida.

 

Bajo la guía de Anna de la Tierra, sacerdotisa y maestra de la tradición, el círculo entretejió un mismo corazón sonoro con la voz del tambor —ese instrumento que, en prácticamente todos los pueblos originarios del planeta, imita el latido materno y nos devuelve al ritmo primero de la existencia.

 

 

A su lado resonó la maestría de Eztli, maestro del tambor chamánico, cuyo nombre náhuatl —"sangre"— pareció cobrar sentido en cada percusión: el tambor como sangre que circula, como vida que se reparte entre los presentes.

 

Y desde la otra orilla del Atlántico, María, mujer medicina de España, tendió un puente entre tradiciones, recordándonos que el camino de la medicina y del sonido sagrado no conoce fronteras ni nacionalidades, solo memoria compartida.

 

 

Para las culturas mesoamericanas, el huéhuetl y el tambor de mano fueron siempre instrumentos de comunión con lo sagrado, no de mero entretenimiento.

 

La piel tensada sobre el aro convoca al espíritu del animal, la madera guarda la voz del árbol, y el ritmo sostenido —ese pulso constante de cuatro o cinco golpes por segundo del que hablan investigadores del trance ceremonial— tiene el poder de aquietar la mente y abrir las puertas de la percepción interior.

 

Quien escucha un tambor chamánico no oye solo música: recuerda algo que su cuerpo sabía desde antes de nacer.

 

 

Eso fue, precisamente, lo que ocurrió en Expoespiritualidad. Asistentes de los más diversos caminos —terapeutas, buscadores, curiosos, almas en tránsito— se detuvieron a sentir cómo el sonido los habitaba. Hubo quien cerró los ojos. Hubo quien danzó. Hubo, sobre todo, ese silencio fértil que solo aparece cuando muchas personas respiran al mismo compás.

 

 

El concierto se inscribió dentro del espíritu del Congreso, cuya convocatoria invitaba a las almas a reunirse en torno a lo esencial. Y pocos lenguajes son tan esenciales —tan anteriores a toda palabra— como el del tambor. En tiempos de prisa y de ruido, la Hermandad de Sabiduría Chamánica eligió ofrecer lo contrario: la lentitud sagrada del latido, la escucha, la presencia.

 

"El tambor no se toca: se deja sonar. Lo que late en él es la misma Tierra recordándonos quiénes somos."

 

Al terminar, el círculo permaneció unido para una fotografía que ya es memoria viva: rostros encendidos, tambores en alto, plumas y bordados que hablan de muchas geografías y de una sola raíz. No fue el final de algo, sino la semilla de un camino que continúa.

 

Porque el latido, una vez despierto, no se detiene. Sigue resonando en quienes lo escucharon. Y desde el corazón de la Ciudad de México, esa noche de junio, volvió a recordarnos que la espiritualidad no es huida del mundo, sino una manera más honda de habitarlo.

 

Concierto ofrecido por la Hermandad de Sabiduría Chamánica, bajo la dirección de Anna de la Tierra, con la participación de Eztli, maestro del tambor chamánico, y María, mujer medicina de España. Horizonte Espiritual — el sendero de la vida que equilibra tu existencia.